EDITORIALES
REFLEXIONES
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EDITORIAL 1
LA HISTORIA Y MARILYN MONROE

«Amante del presidente de los Estados Unidos». ¿Habría ejercido ese prestigio comentado en los pasillos la misma atracción, o incluso el mismo efecto sobre Marilyn, si ella hubiera comprendido su verdadera inutilidad como medio para unirse a los grandes nombres de la historia? A primera vista, nadie puede negar que Marilyn es un fenómeno sociológico y de consumo. Pero ¿podemos considerar también su «presencia» como un accidente histórico?

JFK

¡Oigo gritos de indignación! (¡Uf!) ¡También oigo vítores! (¡Por fin!) ¡De acuerdo! Ella forma parte de la historia del cine y alimentaba los rumores de Hollywood. Pero su participación en la historia del mundo es innegable. ¡Es extraño!... ¡Es una locura!... ¡Es revolucionario! Sin embargo, la evolución humana posee esas mismas características.

Nada impedía que esta mujer, que sabía mirar a una cámara o dejarse admirar por ella, poseyera un elevado nivel de conciencia de sí misma. Esto demuestra una gran capacidad para el pensamiento abstracto.

Todo el mundo sabe que la mayoría de sus contemporáneos la consideraba una hermosa tonta, una encantadora rubia capaz de inspirar agradables fantasías y de permitir discretamente la dulce liberación de cierto deseo... Pero ¿no habría podido ser aquella actitud aparentemente poco inteligente, revestida de una inocencia visible, planeada por Norma Jeane de una manera casi maquiavélica?

Cuando todavía era una simple modelo y una joven actriz que luchaba por sobrevivir, Norma Jeane decidió elevar su nivel cultural. ¿Cuántos de nosotros leeríamos, entre otros, a Freud o a Dostoievski por el simple placer de aprender, mostrando abiertamente, con una encantadora ingenuidad, ese deseo de formarnos por nosotros mismos?

Marilyn forma ahora parte de «la nueva historia del mundo», aquella que comienza con el tercer milenio después de Cristo. Pero la pregunta permanece: ¿habría alcanzado semejante nivel de fama si no hubiera frecuentado a los Kennedy? Tal vez... Pero hoy, la estrella que todavía brilla ya no es JFK, sino Marilyn.

Marilyn Monroe

EDITORIAL 2
Simbolismo y guerras culturales

Para deducir de ello su dimensión simbólica, destaquemos que todo aquello que puede ser tocado, hecho o creado por el ser humano se parece de algún modo a quien lo crea. Los grandes conflictos, esos tumores malignos de la inteligencia humana, no son una excepción. Aunque, por desgracia, las guerras tradicionales, esos asesinatos colectivos legalizados, ocurren en todas partes, ningún país está a salvo de un conflicto. Nadie puede negar la existencia de otra forma de guerra contemporánea, de otra forma de «agresión» contemporánea.

Nikita Jrushchov

En efecto, Marilyn Monroe, con su físico, su encanto y su nombre, era una imagen poderosa. Y en el otro mundo, todavía lo es. En 1959, aquel encuentro rutinario... con Nikita Jrushchov, aquel importante hombre calvo, no fue más que un sencillo enfrentamiento entre dos ideologías, dos poderes y dos símbolos. Marilyn ganó fácilmente aquella ronda.

¡Qué pérdida irreparable!

Cada guerra, cada asesinato, arranca de la Tierra una chispa única, una vida que jamás regresará. No son únicamente cuerpos los que caen: son destinos, sonrisas, amores y sueños los que desaparecen para siempre.

Piénsenlo: entre todos esos muertos, ¿cuántos genios se apagaron antes de transformar el mundo? ¿Cuántos inventores jamás inventarán? ¿Cuántos artistas nunca maravillarán nuestros ojos ni nuestros oídos? ¿Cuántas almas generosas nunca tendrán la oportunidad de aliviar la soledad de otra persona, tender una mano o simplemente amar?

Sus hijos hipotéticos también están condenados al silencio eterno. Esos hijos y esas hijas que jamás nacieron, esos linajes completos borrados para siempre, representan otros tantos mundos que nunca verán la luz. La música del mañana podría haber sido más rica. Las ciencias, más audaces. Las artes, más brillantes. Nuestros corazones, más felices.

Detengámonos un instante. Imaginemos en qué podría haberse convertido la Historia si la locura de los seres humanos no hubiera impuesto su largo cortejo de masacres. ¿Qué imperios habrían florecido sin las guerras? ¿Qué civilizaciones habrían crecido en paz? ¿Qué niños maravillosos habrían heredado la Tierra si la violencia no hubiera destruido a sus antepasados?

Dedico un pensamiento a todas esas víctimas. Una de ellas dijo un día: «Id y multiplicaos». Pero ¿cómo hacerlo si nuestros pueblos continúan desgarrándose y extinguiéndose a manos de los seres humanos?

No podemos devolver la vida a quienes desaparecieron. Pero podemos, aquí y ahora, elegir construir de otra manera. Mediante nuestras oraciones, nuestras palabras, nuestros diálogos, nuestras manifestaciones y nuestro rechazo al derramamiento de sangre, podemos influir en quienes nos gobiernan. Podemos recordarles que la verdadera grandeza no consiste en gobernar mediante el miedo, sino en proteger la vida.

Que cesen las guerras. Que cesen los asesinatos. Que la paz deje de ser un sueño frágil y se convierta en la única evidencia.

Demos al César lo que es del César... ¡Ya está! Presenté lo esencial de este texto a la inteligencia artificial y le pedí que lo perfeccionara.